El problema es, cuando de pronto nos damos cuenta de que la soledad nos acompaña en cada paso. Como seres sociales, necesitamos socializar de vez en cuando, pero nos damos cuenta que aun cuando intentamos hacerlo, la soledad está presente. Sigue presente. ¿Extraño no? Estamos rodeados de personas y aun así nos sentimos solos, abandonados, despojados de los demás. ¿Por qué?
A veces me pregunto por qué será tan fácil para los demás hacer cosas que a mí me llevan varios días preparar. Por ejemplo, si una amiga me invita a un evento donde habrá gente desconocida, lo primero que hago es prepararme mentalmente. Me digo a mí misma que todo estará bien, que no habrá problemas. Intento superar la vergüenza y hablar con los demás. El problema llega cuando estoy en la fiesta (si es que antes no me arrepentí y decidí cancelar con alguna excusa tonta), intento hablar con los demás, decir algo divertido, y ahí me doy cuenta de algo que siempre me hace sentir peor de lo que ya me siento: Nadie me escucha.
NADIE.
Y ahí me doy cuenta, ¡Qué estúpida soy! Sigo estando sola, pero esta vez, muy irónicamente, estoy rodeada de personas. Ese es el problema: Soy invisible.
¿Qué características me permiten saber esto?
- Cuando hablo, los demás no me escuchan: no aportan nada a mis comentarios ni dejan que yo aporte a los suyos.
- Nadie me mira si hablo: Parece que fuese invisible, ellos observan a los demás, hablan entre sí, pero yo parece que no existiera.
- Si estamos conversando de pie, hacen una ronda donde casi siempre quedo fuera: Y es así, me ha pasado más veces de las que desearía. Aun intentando moverme, o llamando la atención, es casi imposible, ellos siempre se cierran en su propio círculo.
- Hablan mucho más fuerte que yo, es decir, encima de mi propia voz: No es que hable demasiado bajo, sino que ellos, la mayoría de las veces, lo hacen muy fuerte. Incluso cuando estoy hablando, intentan hablar fuerte para tapar mi voz, como si yo fuese un chirrido molesto que no les gusta.
- No se dan cuenta de lo que hacen: Y si lo hicieran, las cosas serían distintas. Pretenden que nada pasa (o creen que nada pasa), no se dan cuenta de cómo me hacen sentir en esos momentos, no se dan cuenta de que están dejando a alguien de lado.
Es como si fuese un fantasma. La nada misma. No existo como ser social y paralelo a ellos, soy una persona más, pero una que no se iguala a sus necesidades sociales. No permiten ni intentan permitir que sea parte de su grupo, aun cuando están en la misma posición o situación que yo.